Hay escenas que uno nunca olvida, aunque no las haya visto en pantalla. Escenas que viven en la imaginación porque los libros las sembraron allí. Y no es por falta de ganas… es que simplemente no las filmaron. Una de ellas, la más desgarradora que recuerdo de Harry Potter y la Orden del Fénix, tiene que ver con Neville Longbottom, su madre, y una envoltura de chicle. La adaptación de HBO, esa que promete explorar el universo mágico con más tiempo y detalle, podría darnos por fin lo que el cine nos negó.
Sí, aún falta un tiempo. La serie de HBO no verá la luz hasta 2026, y la quinta temporada —la dedicada al quinto libro— no llegará antes de 2030. Pero si van a hacerlo bien, si de verdad quieren honrar la profundidad emocional de La Orden del Fénix, tienen que mirar hacia Neville. Porque hay una historia ahí que quedó rota. Y todos lo sabemos.
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La serie de Harry Potter de HBO necesita mostrar a los padres de Neville
Los libros nos dieron a Frank y Alice Longbottom. Las películas apenas los mencionaron, como si el dolor de su ausencia no mereciera tiempo en pantalla.
Pero en las páginas, estaban. Y eran fundamentales. Mi corazón aún se encoge al recordar la escena en San Mungo, cuando Harry, Ron y Hermione acompañan a Neville mientras visita a su madre, que ya no lo reconoce.

Ella le ofrece un simple envoltorio de chicle Drooble’s. Un gesto mínimo. Humano. Roto. Y Neville, sin decir nada, se lo guarda. Porque es todo lo que puede tener de ella. Porque, a pesar de todo, la sigue queriendo con una ternura que duele. Esa escena no necesita efectos especiales. Solo necesita silencio, una mirada, un bolsillo.
Los Longbottom eran aurores, lucharon por lo mismo que los Potter, y terminaron condenados a un destino mucho más cruel: vivir sin ser ellos mismos. Bellatrix Lestrange los destruyó sin matarlos. Y el cine, tristemente, también los borró. La serie de HBO tiene la oportunidad —y casi la obligación moral— de devolverles su lugar.
¿Por qué la película eliminó San Mungo y la historia de los Longbottom?

La versión cinematográfica de La Orden del Fénix —que duró 2 horas y 18 minutos— decidió saltarse la visita al hospital. No vemos a Harry tener la visión de Nagini atacando a Arthur y luego ir a San Mungo con sus amigos. En su lugar, la historia da un salto, y Arthur ya está sano, brindando con su familia.
¿Era por tiempo? ¿Por estructura? Quizás. Pero ese pequeño recorte eliminó uno de los momentos más íntimos y devastadores del libro. Uno que no trataba de Voldemort ni de profecías, sino de pérdida, trauma y amor persistente. De lo que pasa cuando el héroe no lleva capa, sino una envoltura vacía en el bolsillo.
Incluir a los Longbottom haría el viaje de Neville mucho más poderoso
La serie de HBO tiene un recurso valiosísimo que el cine no se permitió: tiempo. Y si lo usan bien, podrían redimir no solo la historia de Neville, sino la nuestra como espectadores. Porque todos lo vimos crecer, desde aquel niño inseguro con una rana llamada Trevor, hasta el joven que empuñó la espada de Gryffindor. Pero su lucha personal, su dolor más humano, nunca fue contado con justicia.
Presentar a Frank y Alice Longbottom en la serie no es solo cuestión de fidelidad a los libros. Es un acto de respeto. Es recordar que no todos los héroes caen en batalla: algunos sobreviven… rotos, olvidados, pero aún amando.
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Y si HBO decide mostrarnos eso, si recrean esa sala cerrada de San Mungo, y la mirada de Neville cuando guarda aquel envoltorio, será más que una escena. Será una reparación.
Una que llevaba décadas esperando.
Una herida silenciada que la saga aún no se atrevió a mirar de frente

¿Sabes qué me enfurece de todo esto? Que siempre se habló de los sacrificios de Harry. De sus pérdidas. De su carga. Como si el mundo mágico le debiera a él toda su historia de redención. Y sí, lo entiendo, lo respeto. Pero hay otros que sangraron en silencio. Y Neville fue uno de ellos.
La película de La Orden del Fénix no solo omitió una escena. Omitió un grito contenido, una verdad demasiado incómoda para mostrar: que hay dolores que no terminan en una tumba, sino que siguen vivos, atrapados en cuerpos rotos. Frank y Alice Longbottom no murieron, pero dejaron de existir. Y eso es incluso más cruel.
¿Por qué nadie quiso mostrarlo? ¿Por miedo? ¿Por economía narrativa? ¿Porque era más cómodo dejar que Neville siguiera siendo el torpe con potencial que el niño con un trauma brutal y una lealtad inquebrantable?
Ver a Neville guardarse esa envoltura vacía… no es solo una imagen triste. Es una declaración brutal: incluso cuando el amor se vuelve irreconocible, él lo cuida. Lo respeta. Y eso —eso— lo convierte en uno de los personajes más fuertes de toda la saga.
HBO tiene una deuda. Con Neville, con sus padres, y con todos los que necesitamos ver esa escena para cerrar una herida que la historia decidió barrer bajo la alfombra. Si van a hacer este remake, más les vale hacerlo con valor.
Porque algunas verdades ya no pueden seguir siendo ignoradas.
