Han pasado más de veinte años desde que Tom Felton se puso por primera vez la túnica de Draco Malfoy. Y, sin embargo, al escucharlo hoy hablar con asombro de que la saga sigue tan viva, uno siente lo mismo que él: incredulidad y gratitud. ¿Cómo es posible que algo nacido en 2001 siga marcando generaciones que ni siquiera habían nacido entonces? Quizá ahí está el verdadero poder de Harry Potter: no pertenece solo a una época, sino a una emoción compartida.
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Yo mismo lo veo así: si el propio actor que interpretó a Draco, un potterhead confeso, admite que la saga sigue latiendo, entonces es porque nunca dejó de hacerlo. Y lo curioso es que esa chispa ya no depende de un estreno ni de un nuevo libro: vive en cada lector que descubre Hogwarts por primera vez, en cada niño que grita “¡Potter!” al reconocerlo en la calle.
El asombro de Tom Felton ante la nueva era Potter
Cuando Felton habló en el TIFF 2025, promocionando Gandhi de Hansal Mehta, no parecía solo un actor respondiendo preguntas. Se le veía como alguien sorprendido por su propio legado. Confesó que le resulta “surreal” que la nueva serie de Harry Potter en HBO se esté rodando en Leavesden Studios, el mismo lugar donde él creció frente a las cámaras. Y su entusiasmo al imaginar al nuevo “Draco 2.0” revela algo esencial: la saga se reescribe, pero no se borra; cada nueva versión es un espejo que refleja lo que ya estaba en nosotros.
Me gusta pensar que esa mezcla de asombro y alegría es lo que mantiene viva la magia. No importa cuántas veces cambien los actores: el hechizo es el mismo. Lo cierto es que si un intérprete que dedicó su juventud a un personaje aún sonríe al escucharlo nombrar, significa que algo permanece intacto.
Draco Malfoy, un eco que nunca se apaga

El grito de “¡Potter!” sigue persiguiendo a Felton en cualquier rincón del mundo. Él mismo lo admite entre risas: aún hoy, camino a un estudio, lo oye de desconocidos. Ese gesto, casi anecdótico, es la prueba de que el personaje dejó de ser ficción para convertirse en parte de la memoria colectiva.
Y hay algo profundamente humano en esto. Porque, como decía en mi experiencia, lo que me impacta no es solo que los fans lo recuerden, sino que el propio Felton se reconozca como parte de ese fenómeno. Un actor que podría haber dado la espalda a su personaje, lo abraza. Eso, para mí, significa que la saga está más viva que nunca.
Su regreso al papel en Harry Potter and the Cursed Child añade otra capa de significado. Por primera vez, un miembro del elenco original volverá a interpretar a su personaje en Broadway. Y no será el Draco adolescente, sino el adulto: padre, vulnerable, transformado por el paso del tiempo. Hay una ironía hermosa aquí: Tom Felton tendrá la misma edad que Draco en la obra cuando suba al escenario. La vida y la ficción se entrelazan, recordándonos que los personajes envejecen con nosotros, aunque sigan siendo inmortales en las páginas.
Una saga que crece con sus lectores
La nueva serie de HBO, prevista para 2027, promete rehacer toda la saga en diez temporadas. Algunos lo celebran, otros lo cuestionan. Pero más allá del debate, hay una certeza: volveremos a Hogwarts. Y cuando volvamos, lo haremos con la nostalgia de lo ya vivido y con la expectación de lo nuevo. Felton lo sabe, y por eso sonríe al hablar de ello.
Yo, personalmente, pienso lo mismo que él: es “surreal” que un mundo que nació en los noventa siga generando historias, debates y pasiones. Pero al final, quizá lo surreal sea lo más real de todo. Porque una saga que logra unir generaciones ya no es solo literatura ni cine: es cultura, es memoria compartida, es comunidad.
Tom Felton no es solo Draco Malfoy. Es también el testigo de cómo una historia puede seguir transformando vidas mucho después de que las cámaras se apaguen. Y cuando confiesa que sigue sorprendido de que Harry Potter esté vigente, en realidad nos está diciendo algo más profundo: la magia nunca dependió de los actores ni de los sets, sino de lo que sentimos cuando escuchamos ese nombre.
Quizá por eso yo también pienso que la saga está viva. Porque lo está en mí, en ti, en cada lector nuevo que abre un libro sin saber que está a punto de heredar un universo entero. Y es que, como diría Darian Moonquill, la grandeza de Harry Potter no se mide en el final de su historia, sino en las preguntas que aún nos deja abiertas.
