Durante años, los vecinos de Lustleigh, un pintoresco pueblo de Devon, convivieron con el mismo enemigo cotidiano: los baches. Las quejas se acumulaban, los parches duraban poco y, en más de una ocasión, los propios residentes se organizaron para repararlos con sus propias manos. Pero nada parecía funcionar… hasta que la magia de Harry Potter llegó al lugar.
La historia podría parecer salida de una de las novelas del joven mago, pero no: es realidad pura. La nueva adaptación televisiva de Harry Potter producida por HBO trajo consigo un inesperado hechizo de renovación urbana. Según confirmó el Consejo del Condado de Devon, el equipo de filmación recibió permiso oficial para reparar la deteriorada Wreyland Path, el tramo más afectado por los baches.
El secretario parroquial del pueblo lo celebró en redes sociales con un entusiasmo poco habitual:
“¡Buenas noticias! La compañía de filmación ha recibido permiso del Consejo del Condado para proceder con las reparaciones con un contratista autorizado”, escribió.
El comunicado también aclaraba que el camino permanecerá abierto durante los trabajos, que incluirán el relleno manual de los baches más grandes y una evaluación posterior para determinar si es necesario intervenir más a fondo.
Sin embargo, entre la alegría, también hubo ironía. Algunos vecinos aplaudieron la mejora, pero no sin lanzar un pequeño hechizo de sarcasmo. “Se pueden arreglar baches para filmar, pero no para conducir”, comentó Andrew Pike, uno de los residentes más activos en el reclamo. “Esto demuestra que Devon Highways no quiere gastar dinero.”
Otra vecina, Donna Tandy, se permitió una sonrisa: ‘Harry Potter y los baches perdidos’… buen título para el próximo libro.”
El consejo parroquial ha señalado que “planteará el tema” ante el equipo de producción, en un intento por que el arreglo no sea solo temporal, sino un cambio real en la atención de las infraestructuras locales.
Mientras tanto, el rodaje —bajo el nombre en clave “Brown Cat”— continúa extendiéndose por Devon y Cornwall. Pese al intento de discreción, los lugareños ya lo describen como “el secreto peor guardado” de la región. Y no es para menos: la elección del nuevo Harry Potter, interpretado por Dominic McLaughlin tras superar a más de 32.000 aspirantes, ha despertado la expectación de toda la comunidad.
Un portavoz del Consejo explicó al Daily Mail que “durante el rodaje, el equipo de filmación detectó que parte del sendero necesitaba reparación. Se ofrecieron a pagar los arreglos mediante un contratista autorizado y aceptamos”. Un gesto práctico, aunque deja flotando una pregunta inevitable:
¿por qué la magia cinematográfica puede resolver en días lo que la administración ignoró durante años?
Esta curiosa coincidencia se suma a otros casos similares en Reino Unido. En el este de Londres, vecinos de Upminster descubrieron sin previo aviso que sus viviendas se habían convertido en el nuevo Privet Drive —la calle ficticia donde creció el niño mago— para otra fase de la producción.
En el fondo, lo que parece una simple anécdota deja ver una verdad más profunda: a veces, las historias que inventamos terminan reparando —literalmente— los huecos de nuestra realidad.
Y recuerda, “La fantasía no inventa mundos nuevos… solo revela lo que olvidamos cuidar en el nuestro.”
